EPT Gran Final: ¡Oh, Dwyer! La mejor mesa final de la historia te saluda


El estadounidense Steve O'Dwyer, actualmente residente en Irlanda, venció anoche a sus últimos siete rivales en la mesa final del European Poker Tour de Montecarlo, en donde se está disputando la Grand Final de una nueva temporada del festival. El jugador de Las Vegas derrotó en el mano a mano al canadiense Andrew Pantling, que claudicó tras ver como su rival conectaba poker de ochos y dejaba en nada su color de picas. Su premio, un cheque de 1.224.000 euros y el reconocimiento mundial.

O'Dwyer, que encaraba por cuarta ocasión una mesa final del EPT, consiguió sacarse la espinita que tenía clavada desde el año 2011. En la octava temporada, en la cita de Londres, logró colarse en la pelea por el título ante el alemán Benny Spindler que, sin embargo, le apartó del trofeo tras un heads-up de ida y vuelta. Ahora, después de varios intentos, fue la vencida, y tras ver al crupier descubrir el river que le daba el título, O'Dwyer se quedó sin palabras. Eso sí, tuvo tiempo de estrechar la mano de su último oponente.

"Estoy sin palabras", confesaba a las cámaras tras su logro. "Me siento bien, pero estoy muy cansado", aseguraba sin miramientos. Eso fue de lo poco que pudo decir el flamante campeón al ser entrevistado. No hacía falta mucho más, la verdad. Lo que tenía que hacer ya lo había demostrado sobre el tapete, así que le tocaba asimilar y disfrutar del éxito.

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Steve O'Dwyer: campeón por fin

Hay que decir que la mesa final de la PokerStars and Monte-Carlo® Casino European Poker Tour Grand Final no defraudó. De hecho, resultó ser una de las más interesantes que se ha vivido en los nueve años del circuito. Un simple vistazo a los nombres que actuaron en ella, sirve para certificar lo que decimos. Pero, por si eso no bastase, el espectáculo ofrecido por todos y cada uno de los integrantes de la misma, entre ellos los Team Pro, Jason Mercier, Jake Cody, Daniel Negreanu y Johnny Lodden, sí sirvió para corroborar lo que apuntamos. Además, todo ello transcurrió a un ritmo vertiginoso.

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Alineación (izda-dcha): Grant Levy, Andrew Pantling, Noah Schwartz, Jake Cody, Daniel Negreanu, Johnny Lodden, Jason Mercier, Steve O'Dwyer.

Y todo esto que os contamos, lo sabemos de primera mano gracias al streaming en directo que os ofrecimos durante los últimos días del torneo. Ayer, sin ningún tipo de dudas, era obligatorio conectarse a la retransmisión para vivir, aunque solo fuese por unos instantes, la que ha sido bautizada como la mejor mesa final de la historia del European Poker Tour. Desde poco después de las 14:00 horas, y hasta las 22:00, los seguidores que estuvieron pegados a las pantallas para vivir esta cita, se agolparon en el Twitter para ofrecer sus comentarios y opiniones con el hashtag #EPTenDirecto.


Como decíamos, el inicio fue fulgurante. En los primeros instantes, mientras todavía estábamos aterrizando, se produjo la primera eliminación. Uno de los short stack de la mesa, el australiano Grant Levy, empujaba sus diez últimas ciegas con [A][K] en un board 3♣J♥7♣. Su rival por el bote, Pantling, mostraba J♣[10c] al tiempo que anunciaba que completaba. El A♣ apareció en el turn para finiquitar la mano y el torneo del "aussie".

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Grant Levy, el último de la clase

Las primeras manos tenían claros protagonistas. Negreanu estaba recibiendo una ingente cantidad de manos premium que, sin embargo, siempre se quedaban a rebufo al descubrirse las comunes. Una ejemplo de ello, es la mano en la que dobla a su compañero y amigo Jason Mercier. Tras abrir [A][K], el candidato a repetir título del EPT anunciaba que ponía en riesgo su torneo por unas quince ciegas y 9♠[10s] en su poder. Ni un segundo tardó el canadiense en decir que pagaba y descubrir su monstruo. Pero el flop sentenció con dos nueves y, Negreanu tendría que esperar otro momento para reenganchase con el pelotón de cabeza. Mercier, por su parte, respiraba aliviado, aunque no por demasiado tiempo.

Treinta minutos más tarde, Pantling se encargaría de mandar a la lona al jugador de Florida. Mercier optó por hacer un squeeze al open-raise de Johnny Lodden, y se encontró en la ciega grande al posterior segundo clasificado, que con A♦Q♦ superaba el Q♠[10h] de "treysfull21".

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Ni Jason Mercier puede ganarlos todos

La mano más espectacular de la velada, o al menos una de ellas, trajo consigo la eliminación de dos contendientes, lo que redujo significativamente el field. En la enésima mano premium que conectaba Negreanu, Noah Schwartz, que se había movido muy poco, optaba por restarse con doce ciegas desde el botón y [K][10] entre manos. El británico Jake Cody, que perseguía su segundo entorchado, también se colaba en la refriega con diecisiete ciegas por bandera, y J♥J♦ como arma. De vuelta a Negreanu, y con los espectadores sabiendo qué haría el canadiense -hay que señalar que la retransmisión mostró las manos de los jugadores-, se produjo el ansiado "call". A♥A♠ para "kidpoker", que no corrieron peligro.

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Noah Schwartz

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Jake Cody: una imagen vale más que mil palabras

A partir de este momento, el jugador más charlatán de la final se subió en una montaña rusa de emociones, que tuvo el clásico final: la puerta de salida. El inicio fue inmejorable, como ya hemos comentado, pero en el primer "looping", el emporio de fichas que había amasado se vino abajo. La culpa la volvieron a tener los nueves. Lodden se restaría tras una agresión preflop con Negreanu, que aceptaba el envite sin pestañear. Q♣Q♦ para el segundo, que veía como su rival ligaba flush draw y gutshot en el flop, que venía en forma de J♠7♠8♠. El turn confirmaba los peores presagios del de Toronto, que tenía que ver como aparecía el 9♣ para, poco después, con el A♠ del river, escuchar al rail del noruego celebrar la mano. Lodden, sabiendo que la suerte le había sonreído, si limitó a recoger las fichas y ofrecer una mirada de "disculpa" a su oponente.

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Daniel Negreanu

De ahí a quedarse acero, apenas pasaron cuatro o cinco manos, seis a lo sumo. Mismos protagonistas y un spot muy parecido. Pareja de cuatros para Negreanu, y A♦Q♦ para el escandinavo, que ligaba escalera runner-runner para colocarse en la segunda posición, y mandar a la caja a su compañero de equipo, que era despedido con un sonoro aplauso, probablemente el más generoso de cuantos se llevaron los finalistas.


La acción se detuvo con los tres últimos jugadores. Se habló, muy por encima, de alcanzar un pacto, pero Pantling, líder destacado, anunció que seguiría jugando por el total. Eso sí, antes de continuar preguntó por los stacks de los rivales, que no estaban demasiado alejados. De hecho, tanto Lodden, como O'Dwyer, coleccionaban un porrón de ciegas. No menos de 60 en cada stack. Y Pantling, mientras tanto, navegaba cómodamente con 140 BB.

A partir de entonces, Lodden cedió el protagonismo a sus rivales que, paulatinamente, iban gestando el principio del idilio que más tarde vivirían. O'Dwyer, lejos de amilanarse por ocupar el vagón de cola, se enfrentaba, una y otra vez, contra Pantling, que mostraba una de cal y una de arena. En cualquier caso, el irlandés de adopción no conseguía descifrar el juego de su contrincante, que en todo momento mostró un juego muy agresivo.

La distancia entre los jugadores se hacía cada vez más grande. Pantling subía como la espuma, mientras que O'Dwyer perdía una mano tras otra. Justo en ese momento, en el que, quizá, peor estaban las cosas para él, llegó el empujón necesario, que supuso un subidón importante, tanto en fichas como anímico.

Lodden abría Q♠[10c]. O'Dwyer, desde la ciega grande, le ponía la tercera con pareja de seises. El noruego, que ya había mejorado su mejor actuación en un EPT, empujaba su profundo stack, de unas cien ciegas, al centro de la mesa. No había opciones para el de Las Vegas, que pagaba sin pensar y dejaba a Lodden cariacontecido. El flop trajo un seis para asegurar el double-up del, a la postre, campeón, mientras que silenciaba a los supporters escandinavos.

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Johnny Lodden, constante por primera vez

Como si de una novela se tratase, el guión definitivo, que estaba por terminar, introducía un nuevo giro argumental. Y es que, una vez más, el verdugo pasaba a ser la víctima, o viceversa. En resumen: mucha diversión. Además, el público, sobre todo el español, disfrutaba como nunca de una mesa final en la que, de pedir algo, incluiríamos a un jugador nacional. Por el resto, todo perfecto.

Y, como decíamos, Lodden caería a manos de O'Dwyer instantes después de la mano anterior. Probando de su propia medicina, y no, no tratamos de meter el dedo en la llaga, el [A][10] del segundo se toparía con la ayuda de las comunitarias al medirse al [A][J] de Lodden. Mano a mano servido. La historia continuaría escribiéndose sin el last Team Pro standing.

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El cara a cara final

Los dos grandes protagonistas de esta mesa final, que no los únicos, demostraron, con creces, porqué merecían escribir su nombre en el historial de grandes campeones. Con aplomo, carácter y un nivel de juego al alcance de muy pocos jugadores, vimos, gracias, en parte, a los profundos stacks, un sinfín de boards, que sumían a los dos en un estado de profundo trance. La soltura con la que actuaba Pantling no dejaba indiferente a O'Dwyer, que tuvo que consultar con Scott Seiver, que le apoyaba desde la grada, algunas situaciones que estaban ocurriendo.

Un bote por aquí, un bote por allá, el liderato para este lado, las fichas para este otro...La acción resultó de lo más atractiva para el espectador. Se vieron todo tipo de manos preflop y postflop. Como era de esperar, todo concluyó con una mano encontrada: O'Dwyer abría [10c]8♥ y Pantling pagaba con K♠5♠. El flop llegó muy juguetón 8♦8♠J♠. O'Dwyer hacía su apuesta de continuación, que rápidamente pagaba el canadiense. Con el 4♠ del turn se produjo lo que se esperaba. O'Dwyer metió su second barrel y Pantling, que se había dado check previamente, resubía fuerte. O'Dwyer se lo pensó durante unos segundos antes de anunciar que se movía all-in (o que metía el caldero). Como un resorte, Pantling pagaba al tiro y enseñaba la mejor jugada. Pero hasta la última carta, todo es poker, y el último 8 de la baraja hizo acto de presencia, para cerrar una final de una manera majestuosa.

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A la cuarta fue la vencida


Traducción Iván Martí

Cobertura del Torneo en Vivo

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